Por Abelardo Medellín Pérez.
Jóvenes; todas aquellas personas entre los 10 y los 24 años, entra la niñez y la adultez. En México, según el más reciente censo de población y vivienda del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), los jóvenes entre los 10 y 24 años son el grupo mayoritario. Nuestro país cuenta con más jóvenes que cualquier otro grupo poblacional, por ello, los planes, proyectos y espacios que deciden el futuro nos requieren para definir el curso a seguir.
Pese a lo anterior, ser el grupo de edad mayoritario en el país trae consigo un riesgo que nadie sospechaba hasta que consiguió credencial de elector: los jóvenes nos hemos convertido en un botín altamente deseado por los grupos carroñeros de la política mexicana.
Por algo el presidente López Obrador aumenta las becas y reduce su interés en la planificación a futuro; no le importa tener ciudadanos longevos, le importa comprar votos jóvenes que comienzan a votar o lo harán muy pronto.
Así funciona la política, tienes que buscar a quiénes son más y convencerlos de que te preocupan sus problemas para luego reclutarlos en tus filas de votantes.
Estas intenciones, se vuelven cada vez más obvias rumbo a las elecciones del 6 de junio si ponemos atención en lo que ha hecho el candidato a la gubernatura por el Partido Verde Ecologista, Ricardo Gallardo Cardona.
El candidato “Pollo” informó este sábado que se había reunido con la “juventud del altiplano” para reclutar a un nuevo ejercito de asistentes electorales, quienes se adhirieron a su nueva y ‘nada electorera’ Secretaría de Asuntos de la Juventud; reclutamiento que fue avalado por chalecos de grilla, constancias y la posible promesa de un reflector en el proceso que tenemos en puerta.
Punto y a parte con las apatías, no se escribirá en este rincón desde la animadversión contra un candidato. No, aquí se escribe con un sincero miedo por el futuro de los congéneres juveniles, que, por una u otra razón atribulada, decidieron tomarse la foto y unirse al proyecto de Gallardo Cardona.
Es difícil comprender porque un joven de Cedral se uniría al proyecto de Gallardo; los jóvenes de este municipio, en su mayoría, quieren ver a su localidad crecer, que haya mejores condiciones para conseguir empleo en lo local, y ahora se unen al proyecto de un hombre cuyos gobiernos se basaron en comprar votos con tortillas, garrafones y pintar todo de verde. Asistencialismo puro y un desprecio general por los proyectos de desarrollo a futuro.
Es complicado hallarle el sentido a un joven matehualense que se quiera unir al proyecto de Ricardo Gallardo; porque nuestra ciudad padeció la inseguridad y fue testigo de las olas de violencia y ahora vemos a jóvenes que se quejaron de eso, cuadrarse en el partido de un hombre que es investigado por la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) por presuntos delitos como lavado de dinero.
No imagino cómo los jóvenes del altiplano, que cada año buscan cómo emprender, cómo crecer, cómo estudiar, cómo salir adelante, puedan unirse a un proyecto político que está abanderado por un hombre cuyo sello personal es favorecer a un grupo familiar y a unos cuantos intereses personales.
¿Es acaso que ninguno de estos jóvenes ven más allá del chaleco y los bonitos banderines verdes?, ¿es que ninguno de nuestros amigos, ahora gallardistas, se tomó la molestia de teclear el nombre de este candidato en el buscador de su celular? Somos jóvenes, entiendo que no podemos tener memoria de eso que no tocó en nuestros tiempos y no tocó en nuestra ciudad, pero es nuestra obligación investigar que camino político estamos tomando si de verdad creemos que la política nos salvará.
¿No conocías a Ricardo Gallardo?, bueno, gracias a lo recientemente revelado por fuentes federales dentro de la Fiscalía General de la República y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, podemos reducir la historia de la gallardía en esto: durante los años que Gallardo padre y Gallardo hijo ocuparon cargos públicos en la capital potosina y Soledad de Graciano Sánchez, esta familia presuntamente habría desviado cantidades millonarias de dinero, que juntas sumarian más de 700 millones de pesos.
Joven del altiplano, si quieres comenzar una vida política activa en nuestra democracia liberal, tienes todo el apoyo de la prensa, de los organismos autónomos, del CEEPAC, del INE, de mí en lo personal, pero no de un candidato, ellos quieren un votante no a un ciudadano.
La historia (tanto personal del candidato, como la de nuestro contexto) debe ser la guía de nuestra participación en cada elección, debe ayudarnos a responder la pregunta “¿de verdad apoyaré a uno de estos personajes?”, porque no existe suma de dinero ni promesa vacía que puedan comprar nuestro poder como jóvenes de decidir (en esta elección más que nunca) al tipo de político que queremos en el poder.
Las opciones son pobres; es entendible que en tiempos electorales tan nefastos nos acerquemos al candidato carismático, pero no olvidemos que el carisma muchas veces es la mascarada de intenciones poco fiables cuando de elecciones se trata.
Joven de Matehuala, Cedral, Real de Catorce, Vanegas, Charcas, Villa de Guadalupe, Villa de la Paz y todos los espacios de nuestro altiplano, déjame decirte algo: el personaje que se promueve con cubrebocas personalizados y murales por todas las calles no es quien dice ser, acércate a cualquier amigo que resida en San Luis capital y pregúntale.
El futuro no es Verde como dice hasta el cansancio Ricardo Gallardo, no. El futuro es de los jóvenes, de jóvenes consientes y más informados que nunca, de jóvenes altiplanences que no quieren heredar los problemas de falta de oportunidades que no pudieron resolver los gobernadores elegidos por nuestros padres y que podrían empeorar con un saqueo a nuestro erario.
El 6 de junio será el día en que, con una mirada al pasado, demostraremos a través del voto que estamos jóvenes, pero no estamos verdes







