Por Abelardo Medellín Pérez.
Nuestro derecho a expresar y manifestar ideas así como el derecho de difundir y recibir información están claramente enmarcados en los artículos 6º y 7º de la Constitución Política de los Estado Unidos Mexicanos y en el artículo 19 de la de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; sin embargo, cuando el libre ejercicio de estos derechos pone en riesgo los intereses particulares de quienes tienen poder y no quieren soltarlo, esas personas de poder prefieren cuestionar al derecho ajeno, antes de juzgar el actuar propio. Esa gente con poder desmedido y sin escrúpulos son los morenistas y hoy explicaremos por qué.
Entre el martes y miércoles, a nivel local, nacional e internacional vimos como el ejercicio periodístico de este país fue vulnerado, esto con ejemplos tan tangibles como cercanos:
A nivel local vimos como al menos seis medios potosinos sufrieron un ciberataque que provocó el cierre de sus páginas de Facebook; a nivel nacional observamos como el portal Sin Embargo publicó una investigación donde reveló que detrás de la plataforma informativa Latinus están un grupo de empresarios y políticos, entre ellos Federico Madrazo, Roberto Madrazo y el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, y a nivel internacional nos enteramos que el departamento de estado de EEUU señaló a la periodista Sanjuana Martínez Montemayor (directora de Notimex, la agencia de noticias del Estado) como partícipe de ataques contra periodistas en México.
No vamos a hablar de cómo los medios atacados en San Luis Potosí (entre ellos La Orquesta, Código San Luis, Periódico Momento, Quadratín San Luis, CN13, y Agencia de Noticias SLP) eran acérrimos críticos de Xavier Nava Palacios, candidato de Morena a la alcaldía de la capital. No vamos a especular el por qué la investigación de Sin Embargo solo se avoco a revelar contratos de una empresa privada en lugar de cuestionar si las investigaciones contra el presidente López Obrador eran falsas. No vamos a tratar el tema de si Sanjuana y Notimex rayan en la censura o no.
En lugar de tratar lo obvio, expondremos lo incomodo: todos los casos de estos días tienen en común a Morena como una fuerza intransigente que combate a la prensa como si de un enemigo se tratara.
Por si los ejemplos descritos no fueran suficientes para entender que a Morena le cala lo que hace el periodismo, vale la pena mencionar que el líder moral de este partido, el presidente Andrés Manuel López Obrador, arremetió durante su conferencia matutina de este miércoles 31 de marzo contra la organización “Artículo 19”, sobre la cual dijo que: “está financiada por empresas extranjeras, hasta por el departamento de estado”.
La simplicidad y el bajo nivel del debate del presidente no solo es preocupante, sino que raya en la calumnia, ya que no pudo ni elaborar sobre algo tan sencillo como lo es el financiamiento regular de una ONG; para que tú, lector, no te vayas con la finta morenista, te comentamos que asociaciones que se dedican a la defensa de la libre expresión (como Artículo 19) son financiadas por gobiernos, fundaciones y agencias gubernamentales e independientes dedicadas a la salva guarda de los derechos humanos.
Y sí ese nivel tiene el “líder moral” que dirige el trágico circo de Morena, entonces ¿Qué nivel podemos esperar de los servidores públicos de este partido? Pues el mismo, por eso el principal señalado del reciente ataque a medios en la capital es Xavier Nava, candidato de Morena; o el ejemplo de Jaime Bonilla Valdez, gobernador morenista de Baja California quien desde 2019 ha agredido de diversas maneras al Semanario ZETA; agresiones que escalaron a tal grado que, a mediados de 2020, el gobernador Bonilla Valdez apareció en una transmisión en vivo llamada “MENTIRAZ CON ZETA”, donde descalificó a las publicaciones del semanario por discrepar con los datos oficiales.
Si el grupo de ejemplos no basta, seamos más críticos, con datos y con un anzuelo que no van a poder ignorar los morenistas: la corrupción.
Según los simpatizantes de Morena, el causante de todos sus males es la corrupción, sin embargo, resulta que los reporteros que cubren la fuente “corrupción y política” son el grupo que más recibe agresiones con el 43 por ciento (692) de los ataques registrados en 2020 de acuerdo con el “informe anual 2020: Distorsión: el discurso contra la realidad” de Artículo 19. ¿Por qué se ataca más a los periodistas que investigan corrupción si el presidente en su palacio asegura que esa práctica ya no existe?, ¿es porque quienes son corruptos son los de la mafia del poder?
Ay, pero señor de Morena, entonces qué dice de la opacidad en el 90 por ciento de las compras de PEMEX, de Gabino Robledo Aburto, de la ineficiencia en Liconsa, del desvió de 30 millones de pesos de Ana Gabriela Guevara, de las 23 casas de Manuel Bartlett, de la compra de ventiladores millonarios al hijo de Bartlett, de sus impresentables super delegados Carlos Lomelí y Pablo Amílcar, de los 200 millones de pesos del Instituto Para Devolver al Pueblo lo Robado que se utilizaron para comprar boletos sobrantes de la rifa del avión, del compadre de la Secretaria de Energía que consiguió un contrato por 4 mil 968 millones de pesos, de Felipa Obrador, de José Ramiro López Obrador y el desvió de 40 millones de pesos en proyectos inmobiliarios, de la cuñada del presidente (sindica en Macuspana) que fue señalada por no reportar 223 millones de pesos… con eso no solo da para decir que tienen mucha cola que les pisen, sino que la tienen sucia.
Lo de arriba, es solo una lista de todas las razones por las cuáles a los morenistas les incomoda la prensa. Les incomoda que cualquiera se puede expresar, porque saben que no cualquiera les va a aplaudir y saben que si no es aplauso y es crítica y si es crítica seguro contraviene con sus intereses.
¿Quieren saber lo peor?, el verdadero peligro no está en palacio nacional, ni en sus lamentables servidores públicos, sino en sus seguidores ciudadanos, a quienes se les ha vendido aire a cambio de sus frustraciones (políticas o históricas) y se cobijan en un proyecto fácil al cual sirven atacando a instituciones y derechos que, como mexicanos, nos costó mucho conseguir.
Triste será el día que los seguidores de Morena se den cuenta que atacan a una prensa que solo informa para colaborar al proyecto de la democracia, no para atacar a su ya fallida 4T; triste será el día que un morenista encuentre la diferencia entre un medio que le cuenta lo que dijo el presidente y un medio que le cuente la verdad, porque recordemos que de diciembre de 2018 a noviembre de 2020 el presidente dijo en vivo 40 mil 502 afirmaciones falsas (esto de acuerdo con el estudio de SPIN Taller de Comunicación Política).
La prensa tiene muchos defectos, pero rendirse a la voluntad de quien ocupa la silla del poder nunca ha sido uno de ellos, al menos no de los que tienen ética; eso es lo que les cala, no poder callar todas las voces que se alzan y señalan los errores por eso en 2020 se detectaron al menos 15 iniciativas presentadas en los congresos locales y en el federal que atentaban contra los derechos digitales y el acceso a un internet libre.
La conclusión es sencilla y difícilmente controvertible: Morena y sus gobiernos son autoritarios de closet que ya no pueden ocultar su odio general por el derecho humano a la libre expresión y su aversión por la prensa crítica. Eso también es triste; ver como algo que era la esperanza, algo que prometió tanto, se convierte cada día en la mordaza de México.







