Por José Angel Leyva Bustamante
Hay deportes que nacen del espectáculo. Otros, de la estrategia. Pero hay unos pocos —muy pocos— que surgen del alma. El powerlifting no es una disciplina común. No busca cámaras, no persigue millones. Es, en esencia, un duelo personal. Y en México, en San Luis Potosí particularmente, ese duelo empieza a dejar huella.
Ser powerlifter no es simplemente levantar barras cargadas con discos. No. Es moldear el carácter en el yunque del sacrificio. Como bien resuena en los gimnasios: hay tres vértices en este deporte —los que lo hacen por amor, por salud y por competir—, pero sólo uno define verdaderamente al atleta: el compromiso.
En una nación donde muchas veces los reflectores se posan en otras canchas, el powerlifting se mantiene firme, silencioso, casi oculto. Tal vez porque, como la fuerza misma, no siempre se ve. Se siente. Y vaya que se ha sentido en San Luis Potosí.
¿POR QUÉ NO ES OLÍMPICO?
Según la International Powerlifting Federation (IPF), “El powerlifting es un deporte de fuerza que consiste en realizar tres levantamientos: la sentadilla (squat), el press de banca (bench press) y el peso muerto (deadlift), con el objetivo de levantar la mayor cantidad de peso posible en cada uno, bajo normas técnicas estrictas y supervisión de jueces certificados.”
Cuesta creer que un deporte tan exigente, tan técnico y tan humano como el powerlifting aún no forme parte del programa olímpico. Pero la razón es tan estructural como institucional: federaciones divididas, reglas distintas, falta de paridad de género en sus órganos de gobierno y una sombra que todavía proyecta demasiadas dudas: el dopaje. El COI observa, y con razón. Para que el powerlifting llegue a la cima, necesita primero consolidar una sola voz —como la IPF—, blindar sus controles antidopaje y garantizar inclusión. Sólo así, con ética, unidad y compromiso, podrá aspirar legítimamente a su lugar en el Olimpo.
LA ESCUELA POTOSINA: LEVANTAR DESDE EL SUELO
Dicen que los grandes atletas no sólo ganan medallas; transforman realidades. Ana Sophia Arriola Vargas, estudiante de la UASLP, lo ha demostrado. No sólo por sus marcas —impresionantes, por cierto— como los 150.5 kg en peso muerto que le dieron un récord nacional en Zacatecas, o las preseas doradas en el Mundial Universitario FISU 2024 en Estonia. Lo que realmente inspira es la convicción con la que compite. No sólo por ella. También por quienes la apoyan. Porque en este deporte, cada kilo levantado es un acto colectivo.
La cantera de San Luis Potosí no es casualidad. Es trabajo. Es disciplina. Es pasión. Erick Adrián López Delgado es un nombre que ya resuena en la escena nacional. Con 152.5 kg en press de banca. Récord estatal que no se logran con suerte, sino con horas de esfuerzo, soledad y hierro. Roberto Gonzales es otro matehualense que destaca con primero lugares a nivel estatal y nacional
Pero, ¿qué los define como atletas? No es el pódium. Es la entrega. Porque como bien dijo uno de ellos, el verdadero powerlifter no se mide por trofeos, sino por su amor al cinto, a la barra, al dolor que transforma.
LA OTRA CARA: DOPAJE Y DESIGUALDAD
No todo es gloria. También hay sombras. El dopaje, ese fantasma que recorre el deporte, encuentra en el powerlifting terreno fértil por la falta de control y regulación. Federaciones divididas, sin un criterio común, permiten que algunos compitan con ventaja. Es injusto, sí. Pero es real.
Y aquí emerge la necesidad de una sola voz: la IPF. Con experiencia, con visión, con estructura. Mientras otras asociaciones permiten grietas, la IPF construye cimientos. Porque el futuro del powerlifting no puede depender de atajos químicos, sino de ética, salud y justicia.
AMATEUR VS PROFESIONAL: ¿UNA LÍNEA BORROSA?
Muchos preguntan qué diferencia hay entre un amateur y un profesional. Y la respuesta no siempre está en los años, sino en la actitud. Un amateur puede romper récords. Un profesional puede estancarse. La experiencia pesa, sí, pero el espíritu define.
Porque como se dijo, en este deporte hay elementos incontrolables: genética, condiciones socioeconómicas, incluso emocionales. Pero hay algo que todos comparten: la voluntad. Y esa no se compra ni se hereda. Se forja.
EL VEREDICTO
San Luis Potosí ha levantado algo más que kilos. Ha levantado un legado. Uno que no se mide sólo en marcas, sino en la calidad humana de sus atletas. En su compromiso. En su fe silenciosa de que, aunque no haya estadios llenos ni contratos millonarios, el esfuerzo vale. Porque aquí, entre barras de hierro y corazones de acero, se construye el verdadero deporte.
Actualmente, no existen estadísticas públicas consolidadas que reflejen con claridad el aumento anual de competidores registrados, la participación en competencias estatales y nacionales, la evolución de categorías, o la representación por entidad federativa. Esta falta de información limita el análisis técnico del crecimiento real del deporte, dificulta la planificación estratégica de las asociaciones estatales y frena la posibilidad de argumentar, con evidencia, la consolidación del powerlifting como una disciplina de impacto nacional e internacional.
La transparencia en las estadísticas —número de atletas por año, participación femenina, categorías juveniles, medallas por estado, entre otros datos clave— no solo permite rendir cuentas a la comunidad deportiva, sino que fortalece la legitimidad del deporte ante organismos internacionales, como la Federación Internacional de Powerlifting (IPF) y, eventualmente, el Comité Olímpico Internacional.
La historia deportiva de los atletas en este deporte solo podrá escribirse en medida que los apoyos y patrocinios en el estado y en el país existan de forma real. Hoy en día son pocos los atletas que se dedican cien por ciento a este deporte, o estudian o trabajan para mantener ese sueño de ser competidor profesional, porque no se vive de ello.
Powerlifting no es para todos. Es para los que aman. Para los que luchan. Para los que pierden y aun así vuelven a intentarlo y todo eso vale cada kilogramo levantado.
Sobre el Autor: José Ángel Leyva Bustamante Reportero de Arco Informativo, Powerlifter, segundo lugar nacional en categoria sub junior en 2024, record estatal en levantamiento de peso muerto 250 kg





