Por Yoscelyn Leyva Bustamante
¿Sabías que una madre puede proteger a su bebé de enfermedades antes de que nazca, con solo vacunarse?, el embarazo, es uno de los procesos biológicos más importantes, que siguen impresionando a todos los científicos, gracias a un mecanismo del cuerpo humano, en donde los anticuerpos pueden cruzar la placenta y brindar al feto una primera defensa contra virus y bacterias, incluso las primeras semanas de vida.

Cuando una mujer embarazada contrae una infección o recibe una vacuna, su cuerpo produce anticuerpos, que son proteínas generadas por el sistema inmunológico para combatir virus, bacterias, hongos o parásitos. En especial, produce un tipo de anticuerpos llamados inmunoglobulinas tipo G (IgG), las cuales tienen una capacidad extraordinaria: pueden atravesar la placenta y llegar hasta el feto, brindándole protección desde el vientre. ¿Pero cómo sucede este proceso?

Las IgG están formadas por dos partes: Fab y Fc. La primera, Fab, es la fracción encargada de unirse al antígeno (es decir, al agente infeccioso). Funciona como una pieza de rompecabezas que encaja perfectamente con el patógeno, permitiendo al cuerpo reconocerlo y combatirlo. Esta capacidad convierte a Fab en una pieza clave del sistema inmunológico.

La IgG es la segunda proteína más abundante en la sangre materna. Para llegar al feto, primero debe cruzar la placenta. Este viaje inicia cuando la IgG llega a una capa externa de la placenta llamada sincitiotrofoblasto, que además de facilitar el paso de oxígeno y nutrientes al feto, también permite el paso de defensas inmunológicas.

Una vez que la IgG alcanza el sincitiotrofoblasto, es capturada mediante un proceso llamado pinocitosis, que forma una pequeña burbuja llamada vesícula. En su interior, la IgG se une a un receptor especial llamado Fc neonatal (FcRn), que actúa como un vehículo que la transporta hacia el tejido conectivo fetal, una fina red celular que rodea al bebé en formación.

Este tejido conectivo actúa como un puente, permitiendo que las inmunoglobulinas viajen desde la placenta hacia el sistema circulatorio del feto. Investigaciones recientes han demostrado que este proceso también involucra a las células de Hofbauer, células especializadas que pueden cruzar membranas y servir como medio de transporte para que la IgG alcance su destino, la sangre del bebé.

Gracias a este complejo pero maravilloso mecanismo, el feto no solo recibe protección durante el embarazo, sino que también está protegido durante los primeros dos meses de vida, un periodo crítico para la supervivencia del bebé.
Un ejemplo claro es el caso de la tos ferina, una enfermedad respiratoria grave causada por la bacteria Bordetella pertussis. Para proteger a los recién nacidos, se recomienda que las mujeres embarazadas se vacunen durante el tercer trimestre con la vacuna Tdap (contra tétanos, difteria y tos ferina). Esto garantiza que los anticuerpos protectores lleguen al bebé antes del nacimiento. Posteriormente, los bebés inician su propio esquema de vacunación entre los dos y seis meses de edad.

En México, tan solo en 2025, se han registrado 49 defunciones por tos ferina, todas en menores de un año sin antecedentes de vacunación, y el 91 % de los casos ocurrieron en menores de seis meses. Muchas de estas muertes pudieron haberse evitado con la vacunación materna, ya que los primeros dos meses del vida quién lo protege son los anticuerpos de la madre. De hecho, esta vacuna puede prevenir hasta el 94 % de las hospitalizaciones en niños menores de tres meses.
Vacunarse durante el embarazo no solo es un acto de protección personal, sino un acto de amor y responsabilidad. Gracias al las vacunas, una madre puede ofrecerle a su hijo su primera defensa contra enfermedades incluso antes de nacer. Entender cómo funciona este proceso ayuda a tomar decisiones informadas. Porque cuando una madre se vacuna, no se protege sola; protege a dos.




