El Agua Que Cae del Cerro: La Otra Cara de la Mina María de la Paz
17 noviembre, 2025

Un reportaje periodístico sobre el derrame de agua de jales y su impacto en Villa de la Paz, San Luis Potosí

Por:
Yoscelyn Leyva Bustamante

José Ismael Leyva Nava

Introducción: El agua que no debería estar ahí

En Villa de la Paz, un municipio minero con más de 200 años de historia, una imagen se ha vuelto cada vez más común: corrientes de   agua bajan desde los terrenos de los jales de la Mina María de la Paz y se desplazan sin control por el Camino Viejo a La Paz, rumbo a zonas agrícolas de Matehuala. No es agua de lluvia: es el excedente acumulado sobre los depósitos de desechos mineros —los jales— que la empresa ha empezado a drenar sin informar a la comunidad ni a las autoridades ambientales.

Esta filtración, aparentemente discreta, podría ser el síntoma de un problema mayor: posible contaminación con metales pesados, afectación a ecosistemas locales y un probable incumplimiento de normativa ambiental, que va desde la Ley de Aguas Nacionales hasta la NOM-141-SEMARNAT-2003, que regula de manera estricta la disposición de jales mineros.

Una mina histórica con un problema contemporáneo

La Mina María de la Paz ha sido durante décadas un referente en la región del Altiplano Potosino. Su producción de oro, plata, plomo, zinc y cobre ha dado forma a la economía local y a la identidad minera que caracteriza a Villa de la Paz. Sin embargo, la actividad minera inevitablemente genera grandes volúmenes de residuos conocidos como jales, los cuales contienen partículas finas mezcladas con agua y sustancias químicas utilizadas durante el proceso de beneficio del mineral.

Estos jales suelen almacenarse en presas o depósitos especialmente diseñados para evitar filtraciones y escurrimientos. No obstante, la evidencia encontrada recientemente muestra que el agua acumulada en la parte superior de los jales está escurriendo hacia zonas exteriores, recorriendo caminos rurales y llegando a espacios agrícolas, lo que representa un riesgo tanto ambiental como de salud pública. El hecho de que este flujo se mantenga constante por meses, incluso en días sin lluvia, confirma que no se trata de escurrimiento natural, sino de drenaje directo desde el depósito de residuos.

Evidencia histórica de contaminación en Villa de la Paz (2003)

En 2003, la UASLP realizó un estudio en la Mina María de la Paz, donde se documentaron concentraciones extremadamente elevadas de metales pesados. El arsénico en agua superficial alcanzó valores de hasta 5900 μg/L, 118 veces el límite permitido en México. En sedimentos, los niveles de arsénico, plomo, zinc y cobre superaron entre 60 y más de 1000 veces los valores guía internacionales. En suelos, el 84% de las muestras sobrepasó el límite de intervención de arsénico establecido por la EPA, y hasta un 38% excedió niveles peligrosos de plomo. Paralelamente, estudios biomédicos detectaron en niños de Villa de la Paz y Matehuala concentraciones altas de arsénico en orina, plomo en sangre y evidencia de daño genético, confirmando una exposición crónica severa en la población.

 ¿Cómo contaminan el agua, el suelo, la flora y la fauna?

Los metales pesados no se degradan, sino que se movilizan y se acumulan. Cuando el agua se mezcla con los jales, disuelve parte de estos elementos y los transporta por la superficie hacia zonas más bajas. Allí se infiltran en suelos agrícolas, se depositan en sedimentos y pueden ingresar a mantos freáticos. Las plantas absorben estos contaminantes por las raíces y los incorporan en tallos, hojas y frutos; los animales, al alimentarse de la vegetación afectada o beber agua contaminada, acumulan estos metales en carne, leche y órganos. En los suelos, estas sustancias alteran la microbiota y la salud edáfica al inhibir actividades enzimáticas esenciales (deshidrogenasa, ureasa, fosfatasa), reduciendo la fertilidad y afectando el crecimiento de especies nativas y endémicas. La exposición humana ocurre por ingesta, inhalación de polvo o contacto dérmico y se amplifica porque estos compuestos permanecen en el ambiente durante décadas.

 Lo que evidencia el terreno: agua, caminos y agricultura expuesta

Durante diversos recorridos de campo, se registraron videos, fotografías, testimonios y observaciones directas del comportamiento del agua. El flujo, de coloración turbia y con olor perceptible en algunos puntos, baja desde la parte superior de los jales y recorre todo el trazo del Camino Viejo a La Paz. En el trayecto forma encharcamientos, humedece la superficie del camino y termina depositándose en áreas agrícolas cercanas.

Los habitantes que trabajan en esta zona han señalado que la presencia del agua no se relaciona con lluvias recientes y que suele mantenerse por días, incluso semanas. Esto coincide con los patrones de drenaje del depósito minero, lo que refuerza la hipótesis de que se trata de escurrimientos directos. Además, los pobladores han expresado su preocupación ante la posibilidad de que esta agua contenga residuos químicos o metales pesados, situación que podría comprometer el suelo agrícola y, eventualmente, afectar cultivos o pozos de uso local.

Este medio, tiene videos de registro de la situación de hace más de 2 meses, millones de litros de agua se han escurrido al suelo durante las 24 horas en todo ese tiempo.

Imagen 1 (tres fotografías satelitales: marzo 2024, febrero 2025, marzo 2025)

Secuencia satelital de la presa de jales de la Mina María de la Paz. Entre marzo de 2024 y marzo de 2025 se observa la formación y crecimiento de una laguna en la base del depósito de jales (recuadro amarillo), evidenciando el aumento del volumen de agua acumulada y su desplazamiento hacia el exterior en dirección a Matehuala.

Impacto ambiental y sanitario: un riesgo silencioso

El agua que escurre desde los jales no solo es un problema operativo: es un riesgo ambiental latente. Los jales de la región han sido ampliamente estudiados y se sabe que contienen una combinación de metales pesados como plomo, zinc, cobre, arsénico y cadmio, además de nitratos, sulfatos y rastros de los reactivos utilizados en la flotación del mineral. Cuando el agua se mezcla con estos desechos, puede arrastrar partículas finas y metales solubles capaces de contaminar el suelo y, a largo plazo, infiltrar hacia el subsuelo o cuerpos de agua cercanos.

Este tipo de contaminación tiene efectos acumulativos, pues los metales pesados no se degradan y pueden permanecer por años en el ambiente. La exposición, incluso en bajas concentraciones, puede afectar la productividad agrícola, alterar la composición del suelo y representar riesgos a la salud humana, especialmente en comunidades donde el contacto con la tierra y el uso de agua local es cotidiano.

Imagen 2 (mapa con trazo azul del arroyo)

Mapa satelital del trayecto del agua descargada desde la presa de jales (zona de la laguna) hasta tierras de cultivo próximas a la mancha urbana de Matehuala. El trazo azul muestra el arroyo de agua contaminada que recorre varios kilómetros sobre el Camino Viejo a La Paz antes de llegar a áreas agropecuarias,incluso el agua pasa por lado del tanque de cloración de SAPSAM

Imagen 3 (toma aérea amplia, vegetación y parcelas)

Vista aérea del tramo intermedio del arroyo proveniente de los jales mineros, atravesando matorrales y parcelas en la zona rural entre Villa de la Paz y Matehuala. El cauce artificial mantiene humedad constante en un área que naturalmente es semiárida, lo que sugiere un aporte continuo de agua desde la presa de jales.

Imagen 4 (toma aérea cercana, camino, charcos y cultivo verde)

Detalle del arroyo de agua que se origina en los jales mineros, cruza caminos rurales y bordea cultivos agrícolas. En la imagen se aprecia cómo el escurrimiento se utiliza para regar parcelas, lo que incrementa el riesgo de que posibles metales pesados lleguen directamente a suelos de cultivo y a la cadena alimentaria.

Riesgo ecológico regional y cercanía con Wirikuta

Aunque los jales y las descargas no se ubican dentro del polígono del Área Natural Protegida Sitio Sagrado Natural de Wirikuta, su cercanía representa un riesgo debido a la conectividad ecológica del Desierto Chihuahuense. Wirikuta alberga 526 especies de plantas vasculares, incluidas 19 en categoría de riesgo, así como 96 especies de aves, entre ellas rapaces y poblaciones de águila real. En ecosistemas áridos, las especies se desplazan ampliamente entre zonas adyacentes para alimentarse y refugiarse. La contaminación del suelo y de cuerpos de agua cercanos puede afectar plantas sensibles y la fauna herbívora puede incorporar contaminantes que se transmiten a depredadores mayores por bioacumulación. Estudios de ecotoxicología, como los de Montes Rocha, demuestran que estas exposiciones pueden causar menor reproducción, pérdida de peso, mayor mortalidad y colapso de redes tróficas completas.

Imagen 5 Mapa oficial del polígono del Área Natural Protegida (ANP) Sitio Sagrado Natural de Wirikuta. La imagen muestra el perímetro del ANP (línea roja) y los límites municipales de la región, incluyendo Villa de la Paz y Matehuala, ambos fuera del polígono protegido. Aunque la descarga de agua proveniente de los jales mineros ocurre fuera del ANP, su proximidad y la conectividad ecológica del Desierto Chihuahuense implican que especies de flora y fauna presentes en Wirikuta pueden desplazarse hacia zonas afectadas, lo que representa un riesgo ambiental regional.

¿Qué dice la ley? La delgada línea entre incumplimiento y delito ambiental

En México, la legislación que regula el manejo de agua y jales mineros es clara. La Ley de Aguas Nacionales prohíbe descargar aguas residuales a cauces, caminos rurales, zonas agrícolas o cuerpos de agua sin autorización de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA). Esta prohibición incluye cualquier líquido que provenga de procesos industriales, como los relacionados con la minería.

Asimismo, la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA) señala que liberar sustancias o aguas que puedan deteriorar el suelo, dañar ecosistemas o representar riesgos para la salud humana constituye una infracción que puede derivar en un delito ambiental. En este caso, la descarga de agua proveniente de jales sobre un camino público es un acto que podría tipificarse dentro de este marco.

Finalmente, la NOM-141-SEMARNAT-2003, que establece criterios ambientales para las presas de jales, exige a las empresas mineras asegurar la confinación adecuada del agua, la evitación de escurrimientos, el control de lixiviados y la realización de monitoreos periódicos que garanticen que no exista riesgo para la población ni los ecosistemas. El escurrimiento observado representa una posible violación de estos lineamientos técnicos.

Imagen 6 Punto exacto donde la Mina realizó la excavación para cruzar el camino viejo a la paz, se observa que existe tubería que sirven para hacer un puente y permitir el tráfico.

La visión de la comunidad: incertidumbre, desconfianza y exigencia

Los habitantes de Villa de la Paz expresan una preocupación creciente. Muchos desconocen por completo el origen y composición del agua que baja desde los jales y tampoco han recibido información de parte de la empresa minera ni de autoridades ambientales. Algunos mencionan que la presencia de agua en caminos rurales “ya es parte del paisaje”, lo cual muestra cómo se ha normalizado un fenómeno que podría ser altamente riesgoso.

La comunidad, históricamente cercana a la actividad minera, muestra signos evidentes de desgaste y desconfianza. Reclaman transparencia, monitoreo y una explicación oficial que les permita entender las implicaciones reales de este escurrimiento.

El rostro humano de la crisis

Desde su perspectiva, Villa de la Paz atraviesa una etapa marcada por la incertidumbre, donde las preocupaciones ambientales se entrelazan con el temor a posibles efectos en la salud. Su análisis resalta la necesidad de que las autoridades y la empresa minera establezcan canales de comunicación efectivos con la población y proporcionen información precisa sobre el manejo de jales y los riesgos asociados.

Su aportación enfatiza que el problema no solo afecta el ambiente, sino también la tranquilidad y seguridad emocional de los habitantes. La falta de claridad y de acciones visibles contribuye a un clima de tensión que podría escalar si no se atiende oportunamente.

Las autoridades


Entrevistamos a la titular de la SEGAM Sonia Mendoza Díaz, preguntándole específicamente sobre la mina Santa María de la Paz. Resulta que el agua de los jales la están sacando de la mina a través del Camino Viejo a La Paz y pues es agua que muy probablemente tenga contaminantes de los procesos mineros y la están llevando al Camino Viejo a La Paz y está llegando a campos agrícolas. ¿La Secretaría tiene algún conocimiento al respecto?

  • Fíjate que no, perdón, es la primera vez que escucho algo así. De verdad no tenemos conocimiento, pero aun así, sin embargo, pues bueno, nosotros estamos siempre atentos a hacer las denuncias ciudadanas, también decirte de las competencias. El tema minero es un tema federal, es un tema que tendría que estar regulando, pues, sin embargo, pues tendríamos que también intervenir para investigar en qué grado de contaminación está esa agua que según tú, comentas están sacando, ahí podemos usar ese tema, apoyar, siempre hemos hecho sinergia con la CEA que también sería parte y competencia de esto, obviamente que también tienen que ver los organismos municipales de agua potable que también tienen que intervenir porque son los primeros responsables de las descargas.

Este medio solicitó una entrevista con representantes de la Mina y con el presidente municipal de Villa de la Paz, Juan Francisco Gómez Escamilla sin tener respuesta afirmativa.

El municipio de La Paz debe ser el primero en denunciar a las autoridades competentes las descargas mineras, en dos meses fluyendo el agua en esa cantidad sugiere que las autoridades municipales se hicieron de la vista gorda, imposible no percatarse de la situación.

Conclusión: un llamado urgente a la transparencia y la acción

El escurrimiento de agua desde los jales de la Mina María de la Paz no es un hecho aislado ni accidental. Es un evento que pone de manifiesto la fragilidad de los sistemas de manejo de residuos mineros y la necesidad de vigilancia permanente tanto por parte de las autoridades como de la propia empresa. Villa de la Paz y Matehuala, enfrentan un riesgo ambiental real que podría intensificarse si no se implementan medidas inmediatas de contención, monitoreo y comunicación transparente.

La historia minera del municipio de La Paz ha dado identidad y sustento a generaciones, pero también ha dejado huellas ambientales que deben atenderse con responsabilidad. La comunidad merece explicaciones claras y acciones concretas que garanticen que este tipo de incidentes no pongan en riesgo su salud, su entorno y su futuro.

La presencia de agua bajando desde los jales no debe seguir normalizándose. Es una advertencia que debe tomarse con seriedad. En ninguna de las visitas que hicimos se vio la presencia de ninguna autoridad, ni municipal, ni de agua potable, ni ambientales a nivel estatal y federal, era solo un desierto atravesado por una espada de agua que tendrá un impacto ambiental y a la salud que quizá sea irreversible.

Galeria

Imagen 7 Lagunas creadas por el exceso de agua que se vierte de los jales (lameros). La presencia de aves confirma que la fauna local está interactuando con este cuerpo de agua contaminada. El contraste del paisaje con árboles amarillentos y zonas de marchitez evidente alrededor del espejo de agua indica un posible estrés ecológico asociado a la calidad del agua y del suelo.

Imagen 8 Arroyo que viaja de forma paralela al Camino Viejo a la Paz y desemboca en campos agrícolas


Últimas notas