Por Yoscelyn Guadalupe Bustamante Alvarado
Ubicado en el municipio de Catorce, al norte del estado de San Luis Potosí, se encuentra Real de Catorce, un Pueblo Mágico que hasta la fecha conserva un tesoro de la historia: un monumento que, desde hace 250 años, sigue de pie y ha sido recientemente restaurado.
Durante la época del Virreinato en México (la Nueva España), la minería fue la principal actividad económica para aportar riquezas a la Corona española. En consecuencia, en 1772, Real de Catorce se fundó con el propósito de establecer una población dedicada a la explotación minera. Un año después, en 1773, se descubrió la primera mina registrada en la región, en el sitio llamado “Los Catorce”. Fue a partir de este hallazgo que se colocó la primera piedra para construir lo que hoy conocemos como el Santuario de Guadalupe.
En el siglo XVIII, una de las formas en que se financiaba la construcción de espacios públicos era mediante la recaudación obligatoria a los dueños de las minas y a los trabajadores mineros. Gracias al auge de la extracción mineral, se crearon calles, caminos, puentes y el Santuario de Guadalupe, que fungió como parroquia principal hasta 1820. Para ese entonces, Real de Catorce ocupaba el tercer lugar en producción mineral en América Latina, lo que generó ingresos suficientes para la construcción de una nueva parroquia.

Dentro del Cementerio de Guadalupe se encuentra el santuario, con una fachada sencilla que contrasta con un interior vivido y pictórico. Al recorrerlo desde la entrada, es posible observar, al fondo, en el presbiterio o altar mayor, la imagen de la Virgen de Guadalupe colocada al centro en un marco de madera recubierto de oro, con detalles que remiten al México independiente de 1815.
Al dirigir la mirada hacia arriba, se aprecia la cúpula, que descansa sobre un tambor octogonal con ocho ventanas. Debajo de ella se encuentran las pechinas en las esquinas superiores, únicas en su tipo, ya que representan a cuatro mujeres del Antiguo Testamento: Esther, Abigail, Judith y Débora.

Del lado derecho (transepto sur) se ubica un lienzo de “Los cinco señores y las ánimas del purgatorio”, firmado por Francisco Borja en 1828. Por su parte, en el lado izquierdo (transepto norte) se encuentran los murales más grandes, aunque también los más afectados.

“Los cinco señores y las ánimas del purgatorio”, por Francisco Borja en 1828
A lo largo de los años, esta edificación sufrió daños debido a las condiciones ambientales, el crecimiento de la vegetación, la obstrucción de canales, la acumulación de humedad en el techo, la presencia de aves y las intervenciones de visitantes que dejaron marcas en los murales. Por ello, se volvió urgente una intervención.
La primera etapa de restauración se realizó en abril de 2024 y consistió en el mantenimiento de las azoteas y su impermeabilización; además, se colocaron las ventanas faltantes. Esta etapa concluyó en febrero de 2025.
La segunda etapa inició en mayo de 2025, durante la cual se restauraron las pinturas del interior y se intervino el muro principal donde se encuentra el altar de la Virgen de Guadalupe. Esta fase fue inaugurada en junio del mismo año.
Este año, la tercera etapa fue financiada a través del “Fondo de Apoyo a Comunidades para la Restauración de Monumentos y Bienes Artísticos de Propiedad Federal (FOREMOBA)”, adscrito a la Dirección General de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural de la Secretaría de Cultura. Con la participación de restauradores, arquitectos, químicos y voluntarios, se logró intervenir dos de los tres muros del transepto norte.



Sin embargo, aún queda pendiente la intervención de uno de los muros, así como otras áreas del recinto que presentan daños visibles y que, de no atenderse, podrían comprometer no solo la estética del lugar, sino también su integridad a largo plazo.
Más allá del avance físico de las obras, la restauración del Santuario de Guadalupe representa un acto fundamental de preservación histórica. Este tipo de monumentos narra múltiples historias: el pasado minero de Real de Catorce, así como la evolución social, cultural y espiritual de la comunidad a lo largo de más de dos siglos.
Cada elemento arquitectónico, cada mural y cada detalle artístico forman parte de la identidad colectiva de sus habitantes. Son espacios que no solo pertenecen al pasado, sino que permanecen vivos en la memoria, en las tradiciones y en el sentido de pertenencia de quienes habitan y visitan este Pueblo Mágico.
La conservación de este patrimonio también impacta directamente en el presente. Real de Catorce es un referente turístico a nivel nacional e internacional, y sus monumentos históricos constituyen uno de los principales atractivos que fortalecen su economía y proyectan su riqueza cultural.
Por ello, resulta indispensable dar continuidad a las etapas restantes de restauración. Concluir los trabajos en el muro pendiente no debe entenderse como un gasto, sino como una inversión en la protección del patrimonio, en la identidad de la comunidad y en el desarrollo turístico del municipio.



La recomendación es clara: mantener la gestión de recursos a través de programas como FOREMOBA, fortalecer la colaboración entre autoridades, especialistas y ciudadanía, y establecer un seguimiento técnico permanente que garantice la conservación integral del recinto. Sin dejar de reconocer el apoyo del Grupo Coadyuvante Real de Catorce, así como de empresarios, voluntarios y todas las personas que han sido parte esencial de este proceso.
Concluir esta restauración no solo permitirá rescatar por completo uno de los espacios más emblemáticos de Real de Catorce, sino que asegurará que futuras generaciones puedan seguir encontrando en sus muros la historia, el arte y la esencia de un pueblo que ha sabido resistir al paso del tiempo.
Porque conservar nuestro patrimonio es mantener viva la historia que nos da identidad.














