Por Yoscelyn Leyva Bustamante
Durante siglos, hacer ciencia no fue un camino fácil para las mujeres. El acceso a las universidades, a los laboratorios y a los espacios académicos estuvo limitado durante gran parte de la historia, obligando a muchas científicas a desarrollar su trabajo en contextos donde su talento no siempre era reconocido o valorado.
La historia del conocimiento humano está llena de descubrimientos que cambiaron la forma en que entendemos el mundo. Sin embargo, detrás de muchos de esos avances también existieron mujeres investigadoras cuyas contribuciones fueron ignoradas, minimizadas o atribuidas a otros. A este fenómeno se le conoce como el Efecto Matilda, un término utilizado para describir cómo los aportes científicos realizados por mujeres han sido históricamente invisibilizados dentro de la comunidad científica.
El concepto fue popularizado por la historiadora de la ciencia Margaret W. Rossiter, quien retomó el nombre en honor a la activista por los derechos de las mujeres Matilda Joslyn Gage, una de las primeras en denunciar la forma en que las mujeres eran excluidas o borradas de la historia de los avances científicos.
Uno de los casos más conocidos es el de Rosalind Franklin, cuya investigación mediante difracción de rayos X permitió obtener la famosa “Fotografía 51”, una imagen clave para comprender la estructura del ADN. Su trabajo fue fundamental para identificar la doble hélice que conforma el material genético, aunque el reconocimiento científico se concentró principalmente en otros investigadores.
Otra científica que enfrentó resistencia en la comunidad científica fue Lynn Margulis, quien revolucionó la biología al proponer la teoría endosimbiótica, una idea que explica que estructuras celulares como las mitocondrias y los cloroplastos se originaron a partir de bacterias que establecieron relaciones simbióticas con otras células. En su momento, su propuesta fue duramente cuestionada, pero con el paso de los años se convirtió en una de las teorías fundamentales para comprender la evolución celular.
Historias como estas reflejan una realidad que durante décadas marcó el camino de muchas investigadoras. A pesar de los obstáculos, numerosas mujeres continuaron desarrollando conocimiento, realizando descubrimientos y ampliando los límites de la ciencia.
Con el paso del tiempo, también han surgido científicas que lograron romper barreras y recibir el reconocimiento que su trabajo merece. Un ejemplo emblemático es Marie Curie, pionera en el estudio de la radioactividad y la primera persona en obtener dos premios Nobel en diferentes disciplinas científicas.
En el campo de la primatología, Jane Goodall transformó la forma en que entendemos el comportamiento de los chimpancés y contribuyó de manera decisiva al estudio de la vida silvestre y su conservación.
Más recientemente, las investigadoras Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier recibieron el Premio Nobel de Química en 2020 por el desarrollo de la tecnología de edición genética CRISPR, una herramienta revolucionaria que permite modificar el ADN con gran precisión y que abre nuevas posibilidades para el tratamiento de enfermedades genéticas.
Actualmente, la participación de las mujeres en la investigación científica continúa creciendo. De acuerdo con datos de organismos internacionales, alrededor de una de cada tres personas dedicadas a la investigación científica en el mundo es mujer, una cifra que refleja avances importantes en materia de inclusión dentro de la ciencia. En México, la presencia femenina en universidades y centros de investigación también ha aumentado en las últimas décadas.
Reconocer las contribuciones de las mujeres científicas no solo permite corregir la falta de visibilidad del pasado, sino también construir una ciencia más diversa, incluyente y representativa de la sociedad. En el marco del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, recordar estas historias es también reconocer que el avance del conocimiento ha sido posible gracias al trabajo, la perseverancia y el talento de mujeres que, pese a las barreras de su tiempo, abrieron camino para las generaciones que hoy continúan explorando los límites de la ciencia.






