EL RINCÒN DEL MAGO
5 marzo, 2021

Por Abelardo Medellín Pérez.

Seamos claros con un hecho cierto, pero poco apreciado: los procesos electorales de cada 3 años son una chispa que provoca un desmedido aumento de hechos violentos; asesinatos, balaceras, secuestros, extorsiones, ocupaciones, amenazas y persecuciones, son solo algunas de las muchas formas en que el crimen organizado y el crimen de calle se hacen notar cada que hay que cambiar de ayuntamientos, diputados, gobernadores o presidentes.

Para un mejor ejemplo veamos lo que ha pasado en los últimos días:

El lunes 1 de marzo, asesinan a plena luz del día y frente a su hija al líder empresarial Julio Cesar Galindo Pérez, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX) en San Luis Potosí; Galindo fue amagado luego de salir de una vulcanizadora, un hombre desciende de un vehículo, dispara tres veces un arma y logra impactarlo con dos de esas balas. Ayer la Fiscalía General del Estado (FGE) ofreció una rueda de prensa donde se expuso que ya son cuatro las personas que fueron detenidas en el municipio de Ciudad Valles por haber estado relacionados con el homicidio.

El martes 2 de marzo, una llamada al número de emergencia alerta a las autoridades del hallazgo de un cadáver envuelto en una bolsa de plástico en los límites entre San Luis Potosí y Zacatecas en la carretera a San Tiburcio que cruza por Vanegas.

El miércoles 3 de marzo, una balacera en el periférico de la ciudad capital, deja como saldo una mujer gravemente herida y a Rodrigo Sánchez Flores, ex precandidato del PRI a la alcaldía de Tamazunchale, asesinado por impactos de arma de fuego; el priista fue encontrado al interior de su camioneta KIA negra con rojo ya sin vida al momento que arribaron los elementos de las corporaciones policiales. El suceso desato una persecución y una redada en la calle Granizo de la Garita de Jalisco en la capital.

Todos estos hechos ocurrieron en los primero 3 días de este mes de marzo, justo antes del inicio de las campañas a la gubernatura que arrancan este viernes 5; imagínense la indolencia, mientras la familia de un empresario se lamenta, mientras los cercanos del priista se petrifican, mientras los habitantes de Vanegas se preocupan por salir a las calles, los candidatos a la gubernatura harán felices caravanas y regalarán banderines de colores.

La ironía ya no ayuda a explicar lo que pasa, solo duele.

Sin embargo, tal como mencionábamos al inicio, esto no es nuevo y en este rincón exploraremos las razones de porqué el crimen aumenta cuando las elecciones se acercan; entonces vamos al tema.

De acuerdo con un artículo publicado por Aldo Ponce en 2019 en la revista “Trends in organized Crime”, investigaciones en el área de la seguridad pública revelan que los crímenes violentos aumentan durante los meses previos al día de la elección y en particular muestran picos importantes los tres días anteriores al día de la votación.

Según el autor, el principal motivo por el cual aumenta la violencia en estos meses y semanas, responde a la actividad de grupos delincuenciales que no tienen el poder o no son los que controlan un área y ven en las elecciones una oportunidad para cambiar el estado de su dominio; esta respuesta de grupos “débiles” desata por si sola una violencia generalizada entre la población civil.

Ahora, ya tenemos el porqué hacerlo, pero el qué consiguen es un poco más obvio si partimos desde aquí; con ataques coordinados y hechos violentos, los grupos criminales buscan ganar status quo que les permita influir en las decisiones que toma el gobierno local o incluso tomar el control directo o indirecto del gobierno municipal.

Al tomar el control de un espacio los grupos delincuenciales consiguen ventajas sobre otros grupos como: facilidad para transportar sus drogas y mercancía, protección e impunidad de parte de la autoridad, información de otros grupos menores, además del claro aumento en sus ingresos a través de crímenes contra la población como robos, secuestros y extorsión.

Entonces deviene lo trágico, pero usual; los grupos delincuenciales, a punta de “plata o plomo” o por acuerdos sincréticos, se alían con candidatos a puestos de elección popular con miras a que, si el candidato que apoyan gana, tendrán todas las ventajas ya mencionadas.

Para que esto pase el crimen utiliza la violencia y la política de la muerte para cargar los dados de su candidato aliado, ya sea con dinero de procedencia criminal o con amenazas a los rivales electorales de su aliado. Si las amenazas y el dinero no funcionan, los criminales también pueden usar la violencia para provocar miedo entre la población y así desincentivar la intención de voto el día de la elección.

Según lo explica Ponce, para entender mejor cómo crece la violencia en una localidad cuando hay elecciones, podemos dividir el proceso electoral en tres grandes momentos, ojo en esto:

1 – tiempo previo al registro de candidatos: donde los grupos criminales pueden buscar a actores políticos y obligarlos a registrarse o amenazar a candidatos rivales para que no lo hagan.

2 – tiempo entre el día posterior al registro y antes de la elección: periodo que comprendería la pre campaña, la intercampaña y las campañas, donde los ataques a políticos locales pueden aumentar al igual que los enfrentamientos, balaceras y peleas generalizadas que terminan estallidos violentos.

3 – tiempo después del día de la elección: periodo para en el cual, según el autor, el grupo criminal perdedor buscaría nivelar la balanza a través de hechos violentos que sirvan como coerción para cambiar la forma en que actué el gobierno electo durante sus primeros meses.

Todo esto se respalda en decenas de ejemplos reales que nos anteceden en el tiempo y ha ocurrido por todo el país, pero para comprobar que lo dicho es cierto en nuestra localidad ni siquiera tenemos que quedarnos con los ejemplos de esta semana, podemos rememorar agosto de 2012.

Hace 9 años, el alcalde electo de Matehuala, Edgar Morales Pérez, fue asesinado a tiros por un comando armado que también le quitó la vida a su coordinador de campaña Juan Francisco Colunga; los cuerpos de ambos fueron hallados por los elementos policiales en la calle San Luis 21-A de la colonia República, en donde encontraron varios casquillos percutidos de calibre 223 y 7.62 milímetros.

Este hecho, fue tan solo uno de los muchos que ocurrieron en las elecciones de aquel 2012, pues entonces también resaltó el hallazgo de 14 cuerpos en la entidad y un enfrentamiento a tiros que tuvo lugar cerca del ITESM campus San Luis.

Eso es lo que nos espera, jornadas de sangre y muerte de aquí a que alguien ocupe las sillas municipales, los curules del legislativo y el puesto de gobernador.

No nos queda mucho, las balas seguirán en el aire encontrando a personas inocentes, las persecuciones seguirán evitando que los niños puedan jugar en las calles, los secuestros seguirán siendo el cuento de todos los días, las extorsiones serán tan comunes como la propaganda política; los hechos violentos son como los candidatos de los partidos, no siempre elegimos padecerlos, pero si no tenemos cuidado es posible que tengamos que sufrirlos.

Cuidémonos y tengamos los ojos puestos en la calle y en las esquinas, porque ahí seguirá la violencia, como un miedo que busca crecer y crecer; y tú, habitante de Matehuala, no olvides que la historia de nuestra ciudad nos enseña una dolorosa lección: la policía vela por los intereses del estado, los políticos velan por los intereses de su cartera, el crimen vela por los intereses de su poder… y nosotros al final de esa cadena, tenemos que velar a nuestros muertos.

No seamos los de abajo

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