Por Alejandro Contreras Ramírez
En el altiplano los atardeceres son cobrizos, una luz naranja intensa despide los atardeceres para dar el paso a las noches frías y azules donde desfilan las estrellas centelleantes. La piedra de cantera guarda toda la historia y también deja espacio para nuevas cosas que contar sobre la ciudad, unas veces fugaces, otras más, eternas.
Las sombras que guardan el pasado se hacen presentes por la noche. He tenido suerte; algunas de ellas dicen al aire y con fuerza verdades para reflexionar. Mientras navego los ríos de concreto que trazan la ciudad de Matehuala, escucho a los que saben.
Los saberes decían más o menos lo siguiente: La sociedad actual encaminada al consumo requiere un intelecto mínimo para participar en ella, es decir esta forma de sistema, se desarrolla en el consumo de productos y servicios. Te invita a participar en su dinámica de tal forma que lo único que necesitas es tener una mínima pizca de entendimiento de las cosas para consumir al instante.
Por ejemplo, el ritmo de una vida parcialmente industrializada en la ciudad ha establecido cantidades significantes de tiempo destinadas al trabajo y esto ha limitado considerablemente el tiempo destinado al hogar. Un caso en donde esto se pueda ver reflejado es en la comida. Las personas tienen menos tiempo de dedicarse a la elaboración de sus alimentos y se prefiere comprarlos; es decir se participa en una dinámica de consumo inmediato.
De igual forma los distintos actores y grupos sociales han sido cómplices en vender esta idea de consumo y aceptarla como el pináculo de éxito en las sociedades modernas.
En los tiempos actuales, dos grandes bloques se confrontan. El primero es, un grupo de la sociedad que lucha por mantener este veloz ritmo de vida utópico que se define por el consumo inmediato. para encontrarse realizado, cumpliendo con los estándares de éxito impuesto y de los que se es cómplice. vivir a dos tiempos, en el límite de una fantasía consagrada a las deteriorantes jornadas de un trabajo que lo enajena de lo que produce y en su poco tiempo libre, a un consumo desenfrenado en lo que sus posibilidades se lo permiten.
El segundo, esta conformado por una población que tiene una inclinación más a la preservación de su ambiente social, un grupo encaminado al cuidado y la administración de los bienes y espacios sociales, su nivel de consumo es mas bajo y metódico, su tiempo es distribuido de formas más equilibradas entre el trabajo y el hogar. Para esta población el éxito no radica en el consumo, su sentido de éxito se configura en la conquista de ambientes y formas sociales que le produzcan equilibrio y un orden disciplinado en su vida. Encuentra su realización en el trabajo que desempeña y no en el intercambio de consumo que este le puede producir.
Nuestra sociedad, desde la huasteca hasta el altiplano se mueve entre el ritmo de estos dos grupos. Bien vale la pena pensar ¿Qué consideramos como éxito? ¿Cuál es nuestro ritmo de vida y para que lo llevamos así? Y por ultimo y más importante pregunta que se me ocurre ¿qué tanto somos conscientes de vivir en una sociedad enfocada al consumo y el costo que esto nos traerá?




