EL RINCÒN DEL MAGO
La consulta de cristal
Abelardo Medellín Pérez.
Nos encontramos en este punto de la historia del país, donde queda menos de un mes para que “el nuevo gobierno de izquierda”, tome posesión y tenga en bien demostrar lo que la confianza, la democracia y la frescura del gobierno pueden hacer por un país. Interesante es notar que podemos darnos cuenta de lo que nos espera los siguientes seis años incluso antes de que inicie el gobierno de López Obrador. ¿De qué nos podemos dar cuenta?, que ya ocurrió el primer gran error de su presidencia (aun sin serlo) y el mayor desacierto en lo que va del siglo XXI (aun con todos los gobiernos panistas y priístas que cargamos detrás). El bien llamado por los analistas del Citibanamex: Error de octubre.
No, esto no es un repaso de cuestiones económicas exhaustivas con gráficas y porcentajes. No, tampoco es una súplica para el recuento de los votos. Simplemente es lo que siempre ha sido el rincón: un ejercicio delicioso, sabatino y crítico de reflexión ciudadana.
Si quieren números, aquí los tenemos. La cancelación tendrá un costo aproximado para el gobierno federal de 120, 000 millones de pesos. Se perderán 70, 000 empleos con cargo a los recursos federales. Se han gastado por lo menos 100, 000 millones de pesos hasta el momento, además de tener comprometidos contratos por 170, 000 millones de pesos, equivalentes al 60% de la obra completa.
Lo anterior son los números de todos los días, ¿por qué no mejor lo entendemos a través de la percepción del presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX) Gustavo de Hoyos? Él declara, en entrevista para despierta con Loret de Mola, que la cancelación del NAICM, y sus costos respectivos, se asemejan a 32 sueldos anuales de un presidente de México. Todo terrible hasta aquí.
Ahora, no entraremos en la discusión ociosa de si en verdad habrá un daño ecológico o no en la zona, porque ningún morenista alzó la voz contra el tren maya ni se preocupó cuando su nueva secretaria del medio ambiente lució en entrevista televisada dos colmillos de elefante en la sala de su casa (ah, el dueño de esos adornos era su padre, ella solo se los cuidaba). Esto es una cuestión ya iniciada de infraestructura. Hasta aquí todo insipiente.
En el centro de toda esta decisión y error, tenemos al presunto culpable: la ciudadanía. 310, 463 personas votaron por continuar el aeropuerto de Texcoco, y 747, 000 votaron a favor de Santa Lucía. 29 y 69 por ciento respectivamente. Pareciera una decisión de mayoría, nos da la ilusión de una democracia que en julio elige a su representante innovador, y nada viejo, y en octubre toma las riendas económicas del país. Toda una utopía de ensueño. El problema es que nadie les explicó a estos ciudadanos comprometidos con “el cambio”, que, si no se tiene el 2% del padrón electoral, ni es representativa, ni es democrática, ni es LEGAL. Sí, entendemos que ya hay una propuesta de ley para hacer de sus consultas marca “HASBRO” una realidad, pero aún no se acepta, así que no las hagan. Tampoco queremos romperles la ilusión de que tienen la mejor democracia del mundo, pero si no esta dentro de la ley y el contrato que como sociedad aceptamos, no tiene validez, sin importar si lo dijo AMLO o Peña Nieto. Hasta aquí todo incoherente.
Si nosotros votamos por un político para que gobierne, no lo hacemos porque seamos expertos en política, sino porque sus decisiones nos afectan a todos. Sobre esa lógica se puede entender por qué se nos consultó sin ser expertos aeroportuarios. Sin embargo, el verdadero punto de preocupación es que, el conjunto de poderes encargados de estas decisiones, tengan que recurrir a preguntarnos ante cualquier elección importante. Aceptémoslo, el próximo líder del ejecutivo no nos preguntó para saber si estábamos de acuerdo, nos hizo participar para tener en nosotros a quiénes echarles la culpa por si le sale el tiro por la culata. Somos el chivo expiatorio de la economía, la culpa de las próximas caídas en inversión o desarrollo no la tirarán a nosotros. Se deslindan de los errores que ellos han provocado. Hasta acá, todo político.
A la brevedad, los mexicanos tendrán que comprender que la política no se hace preguntando y la democracia no es ir desechando infraestructura y desarrollo sin importar de quién haya sido la idea. Tenemos esta renovada y enorme oportunidad de crecer con un cambio de régimen que debe demostrar no ser “más de lo mismo”. Lamentablemente este gobierno se mete el pie velando por sus intereses políticos en lugar de las prioridades del país que gobierna. Queremos formar parte de la cuarta transformación (que según Héctor Aguilar Camín en realidad es la sexta), pero no podemos tolerar el desgaste a nuestra moneda, la cancelación de apoyos sociales por pagar este nuevo error y la tibieza innecesaria del nuevo presidente. No, esto no será más de lo mismo, estamos frente a un nuevo tipo de mandato basado en no saber qué hacer, que nos culpa a nosotros y cuyo pensamiento es: “gobernar por el bien común es lo de menos… yo, sigo en campaña”.
Nos quedamos sin aeropuerto, nos quedamos con un error equiparable con el 1994, nos quedamos con políticos sin poder, ciudadanías sin pensamiento crítico, consultas de cristal, con todo menos estabilidad. Hasta aquí, solo errores.





