Por Samantha Torres
Quiero que pasen muchos años, que transcurra el tiempo necesario, el tiempo suficiente para ver de lejos todo lo que ocurre en nuestro país en torno a la violencia de género y el cómo estamos reaccionando ante ello, es obvio que también deseo que para esa fecha (sea cual sea), hayamos roto las barreras de tantos tabúes que nos oprimen, hablemos libremente sobre la diversidad sexual y sus prácticas, que no nos sonrojemos ante los temas de la anticoncepción (porque a pesar de que en México fue producida la primera píldora anticonceptiva del mundo en 1951, todavía hay personas que se sienten aludidas y ofendidas al utilizarlas o al saber que su pareja las utiliza), del mismo modo, quiero que llegue ese ojalá no tan lejano día, en que podamos discutir sobre la disparidad de género sin caer en los mismo razonamientos falaces de siempre, y sobre todo espero que llegue el día en que ya no exista más violencia de género y porque no, ningún tipo de violencia.
Seré sincera, me toca organizar a mi grupo de alumnos para los honores a la bandera del lunes 9 de marzo y eso me hizo dudar enormemente sobre dejar de participar en el paro nacional, y durante semanas le di vueltas al asunto, leí y escuché opiniones de todo tipo, sopesando todo, pero hace una semana por fin lo entendí, es decir, siempre tuve la intención de participar ese día y de conmemorar el 8, sin embargo estaba internalizando la cuestión y contrastándola con mis responsabilidades laborales, en lugar de llevarla al nivel social, me explico; la protesta consiste en demostrar cómo transcurriría un día sin nosotras en los espacios que usualmente ocupamos, con el fin de generar conciencia sobre la violencia de género (y los feminicidios más específicamente), al final, tomé mi decisión, ME IRÉ A PARO EL DÍA 9, porque si ese día yo muriera, si fuera víctima de un feminicidio de la misma manera que diez mujeres lo son cada día, quisiera que el mundo lo supiera, que todos se enteraran, que esa injusticia indignara al mundo tanto como para que se hablara, legislara, y actuara en favor de las víctimas, en consecuencia de los victimarios y en empatía de las familias que pierden a sus seres queridos, me voy a paro porque creo en el activismo como uno de los grandes medios de presión social para mover los engranajes oxidados de aparatos gubernamentales y de estructuras sociales añejas, me voy a paro porque puedo y sé que no todas cuentan con ese privilegio y quiero que mi ausencia pese por mí y por ellas, por las que no piensan como yo, por las que están obligadas a laborar debido a la precariedad económica que tienen y por las que ya no pueden protestar porque simple y sencillamente fueron asesinadas.
Sé que estamos en un momento histórico, que más allá del grado de participación que ejerzamos en las protestas, marchas, acciones, charlas y actividades que refieren al 8 de marzo y al resto de los días del año, esta época será recordada en los libros de historia como un hito, y quiero saber y dejar en mi conciencia que estuve del lado correcto, quiero decirle a las generaciones futuras que no fui cobarde, que no me callé, que di de mi todo lo que había y que bastó para encender la mecha de una revolución que ya se siente necesaria.
Fuente consultada para el tema de las pastillas anticonceptivas: El Financiero





