Por José Ismael Leyva Nava
En 1885 se nivelo la plaza Hidalgo que tenía la pendiente natural del terreno, para provechar los espacios y convertirlos en jardín y se colocaron 52 bancas y se suministro de agua potable su fuente, en 1888 se añadieron los arcos de herrería que sirven de pórticos.
La historia de los muros de 135 años se derribo en un fin de semana en Real de catorce, los trabajos fueron durante la contingencia con toda intensión para que ninguna institución federal encargada de vigilar el resguardo de la arquitectura e historia de la nación pudiera decirles nada, cosa que no es ninguna novedad.
El delegado de INAH en el estado Juan Carlos Machinena, esta de simple adorno, y se une a la lista de los que están matando el patrimonio histórico de este pueblo mágico, pues ya en una ocasión acabaron con el atrio de la iglesia de Real en sus narices, pues la oficina del INAH en Real de catorce estaba justo enfrente de la iglesia, la justificación del párroco que lo ordeno fue que los danzantes tuvieran espacio para bailar, ante el hecho, los catorcenos, potosinos, los mexicanos y aquellos extranjeros que conocen la historia del pueblo se indignaron como pocas veces a tal acción en su momento, que la noticia tuvo alcance nacional.
De eso ni un responsable, ni una sanción, dejaron al tiempo y a nuestra mala memoria el olvido que necesitaron para que ahí no pasara nada.
Se suma a la lista de los que están acabando con Catorce a su propia alcaldesa, la Chiquis Carrillo, que, aprovechando la situación ante el Covid19, ordeno destruir el muro del acceso norte y sur de esta plaza histórica; si la iglesia de Real es su corazón, su plaza es el centro neurálgico de la vida social del pueblo y la materialización de un legado del cual los muros que ahora están derrumbado eran testigos. Las obras sin proyecto, sin autorización, sin la supervisión de un delegado ausente y en plena campaña a gobernador
Nada volverá a ser igual en el pueblo después del atrio destruido y sus árboles caídos, después de la Plaza Hidalgo dañada. No comprenden en sus pequeñas cabezas que no son dueños de algo que ha trascendido en el tiempo y que es parte del patrimonio mundial. Tres años en el poder de la alcaldesa sin duda serán muchos años. Y los catorceños, callados.







