Por Abelardo Medellín Pérez.
Aristóteles, el más citado de los hombres muertos, decía que la virtud es el punto medio entre dos vicios: el exceso y la carencia. Palabras más, palabras menos. Este principio aplica a todos los órdenes de la vida, incluso a aquellos campos que parecieran difíciles de definir, como el de la verdad.
La virtud de la verdad, en su punto medio, encuentra al respeto y la imparcialidad, su punto medio es la comunidad humana; en su exceso encuentra el totalitarismo (una sola verdad) en su defecto encuentra la mentira (la falta de verdad).
En México, ¿Dónde encontramos la verdad?, pues es difícil de decir, imagínense que hace tiempo la verdad del Estado mexicano residía en su capacidad de impartir justicia y escuchar a su pueblo; pero la justicia dejó de ser para todos, ahora solo es de aquellos que tengan fe ciega en el presidente, un presidente que ya tampoco escucha al pueblo, porque para él, “el pueblo” ya solo cuenta si es “moral”, sino entonces son “neoliberales” o peor, “prianistas”.
Y para este presidente la “comunidad” no es deseable, él quiere bandos (fifis y chairos) y los bandos necesitan discutir para existir; para ello se necesita una verdad única declarada. ¿Pero cómo le hizo el presidente para asegurarse que todos conozcan su verdad única en un país que tiene periodismo, columnistas, comentócratas y oposición?, sencillo, se inventó un espacio llamado “las mañaneras” donde, no solo anuncia su “verdad”, sino que ahora también declara cuáles son las “mentiras”.
El miércoles 23 de junio de este año, el presidente presentó con bombo y platillo su nueva sección para las rueda de prensa matutinas, llamada “Quién es quién’ en las mentiras de la semana”, la cual tendría como objetivo que una persona interna al gobierno (en este caso Ana Elizabeth García Vilchis) diera una explicación de las noticias falsas que portales de noticias hubieran difundido durante toda la semana.
La idea propuesta por el presidente, como muchas de este gobierno, en papel suenan necesarias, pero en la práctica solo son otra herramienta para denostar a quién incomode. Al inicio el presidente afirmó que esta sección de las mañaneras no serviría para injuriar periodistas; palabra que se rompió este 21 de julio, cuando en la sección se analizaron una serie de publicaciones de Twitter del periodista Julio Hernández “Astillero”.
De acuerdo con Elizabeth García, quien dirigió la sección, se revisaron tres publicaciones de “astillero” que se consideraron como “noticias falsas”; las “noticias” a las que se refería la trabajadora del gobierno, eran publicaciones de la cuenta personal del periodista en las que refería al “engaño” en el que habría incurrido la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) con el tema de la declaratoria de Área Natural Protegida en la zona de la Sierra de San Miguelito en San Luis Potosí.
La gente del gobierno negó rotundamente dichos engaños y con dicha rotundez no pudieron más que exponer una postura de respeto (tibia) de la dependencia ante los trabajos que siguen en proceso con el tema de la Sierra. Por su lado, Astillero tuvo que salir a dar la cara en su perfil y ofrecer una explicación punto por punto de que cómo el “desmentido” no tenía caso.
¿Dónde está el exceso del presidente en el caso de este miércoles 21?
El exceso reside en la extralimitación de sus facultades juzgadoras; en el papel y la práctica, el presidente no debería ser ni juez ni publicista de las valoraciones morales que tenga contra uno u otro periodista (aunque nunca ha dejado de serlo), eso es lo que no entiende.
Caro que puede verificar y desmentir información que haya sido difundida como oficial y afecte directamente la vida de los integrantes del pueblo; pero, abrir una sección para exponer mentiras, seleccionar notas… ¡ya ni notas!, twits de un periodista y declararlo un mentiroso, eso es extralimitarse, eso desconocer (ya para no decir ignorar) las atribuciones de la presidencia y buscar frentes de batallas con los cuales diseminar a la fuerza su “verdad única”.
Así ha funcionado la mañanera desde su inicio: antes una ofensiva con la cual asegurar el monopolio de la veracidad, ahora una defensiva con la que descalificar el trabajo de los periodistas, con la cual poner en duda la experiencia de los comentócratas, con la que podrá llegar intacto al 24, al menos en su imaginación.
Lo ocurrido ayer contra Astillero se repetirá seguro contra otros compañeros y será fatal para la ya demacrada credibilidad, que se intenta construir desde los espacios que no son solo altavoces de los gobiernos; sin embargo, ya no pediré suplicante en este espacio por nosotros los periodistas, no, este es un llamado en favor de la verdad.
Si permitimos que estos ejercicios continúen, si dejamos que los ataques a la verdad-diversa, continúen bajo la excusa de “buscar la mentira que nos conviene”, la prensa será poco que perder. Perderemos la diversidad de nuestro país, perderemos todas las voces, nos robarán los espacios, secuestrarán los medios para defendernos, la “verdad” del presidente será la única y todo podría terminar como aquel imaginario Ingsoc de las páginas orwellianas. Un verdadero infierno con un solo juez, verdugo y sepulturero de memorias.
Como periodistas (al menos los profesionales) ya estamos comprometidos con la verdad, la verificación, el escrutinio y una comunicación responsable; lo que necesitamos no es un presidente enojado, sino un mandatario respetuoso de nuestro derecho a opinar y ejercer una libre expresión.
Pedir por el respeto a las opiniones no es lo tenemos que hacer hoy, es lo que debimos comenzar ayer para no padecerlo mañana; porque el mañana llegará muy pronto y para las libertades que perderemos, será muy tarde.





