Marcha por nosotras
Por Samantha Torres
El día 1 de diciembre se localizó el cuerpo de Citlaly, una joven matehualense de 19 años que fue asesinada violentamente en las inmediaciones de la central camionera de la ciudad, su muerte, además de cruel, resulta terriblemente irónica pues sucedió a tan sólo unos días de haberse conmemorado el día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer (25 de noviembre).
El sábado 7 de diciembre se llevó a cabo una marcha para exigir justicia por el feminicidio de Citlaly, a las 4:30 de la tarde, nos reunimos aproximadamente 30 personas en el arco sur de la ciudad, mujeres y hombres de todas las edades estuvieron presentes, mientras se avanzaba por las calles principales de Matehuala, se fueron integrando más personas, por su parte, la gente que miraba a la distancia tenían reflejado algo más que curiosidad en sus rostros, algunos mostraban signos de preocupación, otros se veían sorprendidos, en realidad no sé qué es lo que les llamaba más la atención, el hecho de que en nuestra ciudad se realizaran una protesta motivada por un crimen o el que la marcha les confirmara de alguna manera, que cada día es más visible la violencia contra la mujer y que ya no deseamos callar ante ella.
Una mujer con la que platiqué durante la marcha me dijo sin yo haberle preguntado, que ella estaba ahí porque tenía una hija y porque lamentaba profundamente esta clase de crímenes, además me dijo, que en realidad lo que más falta nos hace a todos es ponernos en los zapatos de los demás, ella tiene razón, y sus palabras me dejaron pensando ¿por qué estaba yo allí? En lugar de una respuesta, lo primero que vino a mi mente fue algo que en una ocasión le escuché comentar a un conocido, él dijo, que este tipo de movimientos no son otra cosa más que manifestaciones de la banalidad personal, que sólo se asiste a ellos para resaltar el ego, en su momento esas palabras me molestaron porque denostaban a todos los movimiento que luchan por los derechos humanos, a todas las protestas por causas justas, era un insulto que llegaba hasta lo profundo de nuestra historia, pues sin movimiento civiles no tendríamos nada de lo que ahora damos por sentado; pero hoy que escribo esta columna, lo veo claro, ese sujeto que minimiza los resultados de una marcha, en realidad minimiza las causas de la misma, quiere negar la realidad difícil, violenta e injusta que vivimos todos, tiene miedo y su mejor mecanismo de defensa ha sido negar los orígenes de ese miedo y no voy a decir que está bien su postura, pero diré que al menos ahora lo entiendo, me he puesto en sus zapatos, y no importa si él y toda esa gente que aún no marcha, ni protesta ni alza la voz, lo hará algún día, porque siempre habrá quienes sí lo hagan, el mundo no carece de valientes; después de un rato llegué a mi conclusión personal a esa pregunta que me hice durante la marcha, ¿por qué estaba allí? Lo hice por Citlaly y Yadira (ambas víctimas de feminicidios), por mis alumnas, por mi madre, mis tías y primas, por mis amigas, marcho por ti y por mí misma, porque quiero vivir libremente, porque sé que muchas tienen miedo, porque sé que no todas podemos gritar, protestar o marchar, pero todas queremos y merecemos justicia y una vida digna.
La marcha llegó a su destino final en las oficinas de la fiscalía ubicadas en Betania, no sé cuántas personas éramos al final de la protesta pero la mayoría firmamos una petición donde entre otras cosas se pidió una mejor seguridad y vigilancia en todos los cuadros de la ciudad, así como la reducción de la cantidad de horas necesarias para comenzar a investigar las desapariciones.






