Por José Ismael Leyva nava.
Con una trágica noticia ya en su pensamiento, dando vueltas por su mente, sin saber que hacer, comenzó a dar pequeños pasos en las afueras de la clínica 14, la intensión era alejarse de un puñado de personas que como ella, esperaban sentadas en una banqueta del hospital alguna noticia de algún familiar. Ella se alejaba buscando un lugar para desahogar su dolor, sus piernas temblorosas no lograron articular un paso más, se doblaron, sus manos apenas lograron asirse a un anuncio de estacionamiento exclusivo de un restaurante cercano junto a un gran bote de basura, cuanto dolor cabía en un pequeño metro cuadrado de césped; allí, de bruces dejo ir un grito de dolor y unas lagrimas que parecían no tener fin, y lo que quizá más le dolía es no poder haber visto a su familiar desde que ingreso al nosocomio y decirle el último adiós, despedirse de esta vida de forma digna y quizá decirle que se fuera tranquilo, que todo estaría bien a quien en su ausencia, esa que fue definitiva.
Lo anterior es un día normal durante la pandemia en Matehuala, la constante lucha de los que viven ahí turnos de hasta 12 horas, junto a quienes padecen alguna enfermedad respiratoria que los tiene tendidos en la cama a la espera de resultados y también de los familiares que afuera del lugar esperan noticas a veces alentadoras y a veces trágicas.
La clínica 14 fue en su concepción una clínica netamente rural en Matehuala, pero el paso de los años y la urbanización de la zona la llevo a ser uno de los hospitales mas socorridos cuando de emergencias se trata tanto para el habitante de la ciudad como para el del campo, ése Hospital, es un pilar fundamental para el sector salud del municipio y el de mayor importancia por su capacidad instalada.
La enorme carga de estrés de quienes son los responsables de darle un funcionamiento optimo al hospital, médicos, enfermeras, guardias, trabajadores de limpieza, camilleros y administrativos , ha crecido de forma exponencial en estos días de pandemia, pues tienen no solo que luchar por salvar vidas, si no por cuidar la propia también, al grado de solicitar el resguardo de su integridad física a la Guardia Nacional. Su turno debe de ser impecable, sin errores, trabajando en una zona de riesgo alta, sabiendo que si se equivocan en solo un paso de los protocolos pueden poner en riesgo sus vidas y la de sus familias.
De testimonio de trabajador del lugar y que pide se omita su nombre, y sin una solo nota de por medio, todos hablaban que apenas días antes de publicar esta columna llego un comando armado hasta el interior del hospital, el Coronavirus no distingue profesión u oficio y fueron a ordenar que les atendieran a uno de los suyos y por poco logran su cometido de llevarse a un medico de la 14 y en medio de la crisis permanente de la pandemia, el Covid y el crimen acechan la propia integridad de los que ahí tienen que ganarse la vida, esa que se vuelve frágil solo de estar ahí, solo de servir a los demás.
Quienes se encuentran a la expectativa del seguimiento medico de sus familiares, ya no los resguarda el techo de la sala de espera de la 14, su suerte queda en la afueras del lugar, una multitud de personas cubren las banquetas y jardines, muchos duermen en colchones improvisados que han tenido que colocar como dormitorios entre dos palmeras al lado de la carretera 57, bajo la intemperie, a la buena de Dios, ya que la pequeña unidad que da servicio a los familiares que vienen de fuera de la ciudad esta asinada, con el riesgo que eso conlleva para quienes la usan, por eso prefieren improvisar un lugar para dormir así sean 2, 3 o 5 días los que tengan que estar ahí.
Y mientras eso sucede en ese pequeño espacio de dolor y esperanza, en el resto del municipio siguen las concentraciones en plazas, parques y festejos de aquellas personas que no son tocadas por la desgracia de un contagio en su entorno familiar. Imposible alegar desconocimiento de la situación con una publicidad diaria de avisos de quedarse en casa, de tomar las precauciones, de que debemos de pensar en el bienestar general sobre el particular. Japón tiene una población similar que México, 126 millones de habitantes, pero a diferencia de éste, al día de hoy, solo tiene 990 muertos por Covid, contra 41, 908 que tiene México; la diferencia es la enorme disciplina, empatía y responsabilidad social que tiene su gente, ya que sin que los obliguen, ha seguido al pie de la letra las indicaciones de su gobierno para prevenir la enfermedad, aqui todos nos conocemos, y la enfermedad ya tiene nombre y apellido, es lo que mas asusta la población vulnerable.
El municipio emprendió una campaña para el uso del cubrebocas, incluso buscando que sea obligatorio su uso por parte de la población, buena medida, necesaria, pero los verdaderos liderazgos se muestran no en tiempos de bonanza sino en tiempos de crisis, Matehuala es a la fecha, unos de los municipios con más casos a la alza en el país, es quizá por eso que necesitamos una guía de nuestros lideres, decisiones acertadas aunque ello implique costo político, y porque no, quizá tomar las medidas pertinentes para no permitir reuniones sociales, lo peligroso del virus es la gran capacidad de transmisibilidad, según lo han expresado muchas veces los responsables de la salud en el estado y mientras menos nos reunamos, podremos combatir este virus y ganaremos tiempo para salvar vidas y esperar su vacuna en su momento.
La lluvia nos obligo al resguardo en estos últimos días, buena oportunidad para reflexionar que quizá es tiempo de que ante los tremendos números de contagio que se muestran todos los días para Matehuala, nos unamos sociedad y gobierno para genuinamente tomar las medidas pertinentes para frenar un problema que ya se encuentra entre los habitantes de este municipio, la vacuna se ve lejana, quizá falten años para que llegue a estas tierras, solo nos queda cuidarnos como mejor podamos.






